De la zona de confort al éxito

El éxito en las organizaciones supone la capacidad de producir nuevas ideas, crear soluciones brillantes a los grandes problemas y promover nuevos productos. Nada de esto puede darse, si estamos paralizados por el miedo al cambio, que acompaña el desarrollo personal. Salir de la zona de confort da miedo, pero una vez nos enfrentemos a estas situaciones, tendremos frente a nosotros los mejores momentos de nuestra vida.

Y es que la sensación que uno vive cuando sale de la zona de confort es como perderse en un bosque durante días, enfrentándose a sus mayores miedos, caminando sin rumbo. Sonriendo al encontrar civilización, aliviándose porque ha conseguido el objetivo: salir del bosque. Durante el camino esa persona se ha caído, llorado, dudado de tus capacidades. Pero al final es más fuerte, autosuficiente, independiente, valiente, libre y más consciente de sus fortalezas.

Pero ¿por qué nos cuesta tanto salir de nuestra zona de confort?

Existen cuatro limitaciones, que impiden a la mayoría de las personas salir de la zona de confort y lograr el éxito.

  1. Creencias limitantes

Pensamos, hablamos y nos decimos constantemente a nosotros mismos que no podemos lograr algo. Al hacerlo, reiteramos ciertas creencias limitantes, que hemos sostenido desde la infancia.

Muchas personas piensan que no son líderes o innovadores o que no tienen la disciplina necesaria para iniciar un nuevo negocio o asumir una responsabilidad adicional.

Son auténticos limitadores de muchos comportamientos. Nos limitan para creer en nosotros mismos y asumir nuevos retos. En definitiva, poder salir de la zona de confort.

2. Autopercepción

Los estudios han demostrado que los jurados tienen dificultades para evitar el uso de pruebas, que el juez consideró inadmisibles al emitir sus veredictos. Los psicólogos sociales usan el término «perseverancia en las creencias» para explicar esta actitud: por qué las personas se aferran a sus creencias iniciales, incluso cuando la nueva información lo contradice directamente.

Lo bueno es que las creencias se pueden desafiar con éxito. Si nos consideramos poco audaces, podemos pensar en todas las ocasiones en la que mostramos coraje, carácter y fuerza de voluntad.

Desafiar nuestras creencias cambiará nuestra autopercepción y, eventualmente, nuestra visión del mundo. Aprenderemos más, descubriremos nuevas habilidades y, en el proceso, saldremos de la zona de confort.

3. Miedo y estrés

El miedo y el estrés pueden ser positivos y estimularnos al crecimiento. Es algo normal cuando se intenta algo nuevo. Sin embargo, el antídoto es no retirarse, seguir adelante aprendiendo a manejarlo. Deberían ayudarnos y estimularnos para conseguir la fuerza y el crecimiento necesarios.

Hay varios pasos que podemos seguir para asegurar nuestro bienestar físico y mental en el proceso. El miedo a un nuevo entorno puede ser aterrador, pero lo que realmente aterroriza es el estancamiento en el mismo lugar, físico y mental. El verdadero miedo debería ser la complacencia, el no poner a prueba nuestras habilidades.

Salir del miedo implica tocar el inconsciente para comprender qué está pasando dentro de nosotros y poner solución. Conocer nuestros miedos y aprender a gestionarlos y liberarlos es un camino apasionante que lleva a resultados sorprendentes. Sin duda, uno de los aspectos más importantes y la asignatura pendiente para el éxito de las organizaciones y equipos, así como para el bienestar interno de las propias organizaciones.

4. Hablar y no actuar

Un pequeño paso adelante es mejor que querer dar un salto que no podemos completar. En lugar de contemplar y deliberar, lo mejor es ir dando pequeños pasos que nos saquen de la zona de confort.

Se trata de ir estirando lo que consideramos nuestra zona de confort, para ir saliendo de ella. Para ello, hay que realizar acciones concretas, no vale simplemente mencionar lo que deberíamos hacer.

Una vez que estemos a gusto con lo que antes nos daba miedo, debemos seguir creciendo.

¿Y cómo salir de nuestra zona de confort a pesar de todas estas razones que nos lo impiden?

  • No buscando la perfección

Somos humanos y no somos perfectos. Tomar riesgos conlleva la posibilidad de fracasar, pero también la de triunfar. Si no lo logramos a la primera, siempre podemos volver a intentarlo.

  • Inspirando a los demás

Nos demos cuenta o no, la gente que nos rodea percibe lo que hacemos. Nuestras acciones pueden motivar e inspirar a los demás. Al tomar riesgos y creer en uno mismo, nos estamos convirtiendo en un modelo para los demás, teniendo un impacto positivo sobre nuestro entorno.

  • Evitando arrepentimientos

Salir de la zona de confort nos ayudará a evitar que nos preguntemos cómo habrían salido las cosas si nos hubiésemos atrevido. Como dice el refrán, es mejor arrepentirse de hacer algo que de no haberlo intentado. La vida consiste en eso.

  • Controlando la situación

Cada paso, que demos en una nueva dirección, nos permitirá tener el control y liberarnos de las limitaciones. Es la forma de establecer nuestras propias reglas.

  • Creyendo en esta experiencia

Sin duda, las personas que salen de su zona de confort son más felices y están más satisfechas con su vida. El explorar y aprender ayuda a nuestra autoestima y a conseguir alcanzar nuestro máximo potencial.

Y para concluir, si nos centramos en el ámbito profesional y de empresa, pasar por delante de nuestra zona de confort y enfrentarnos a situaciones inusuales o de miedo, como tener conversaciones difíciles con un colega o jefe, hacer contactos, tomar la iniciativa o hablar en reuniones, nos generará nuevas oportunidades.

Para ello es muy adecuada la herramienta metodológica que es el Coaching. Donde se materializa una relación profesional de influencia, aceptada de forma positiva y voluntaria, que genera un aprendizaje en otra persona para que sea capaz de conseguir sus propios resultados. Se basa en preguntar y escuchar activamente para reflexionar juntos sobre el camino a recorrer en la mejora del rendimiento.

El coach ayuda a explorar el camino (cuestionando las creencias), ayuda a generar posibles opciones para orientarse hacia una nueva dirección (centrado en objetivos) y ayuda a persistir en el cambio (estimulando los valores).

Un buen coaching ayuda a la persona, profesional, líder o equipo, a llegar a ese lugar profundo dentro de ella donde todo es posible, donde la persona toma consciencia de quién es realmente, de sus talentos y sus dones, ese lugar más allá del ego en el que la persona toca su esencia y, justo ahí, en la esencia, se da todo.

Y tú, ¿estás listo para sobrepasar tus límites y trabajar para alcanzar tu verdadero potencial profesional?

¡Vamos allá!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

es_ESSpanish