Hoy es una realidad encontrarnos en muchas organizaciones equipos formados por personas de distinto sexo, cultura, religión o etnia y edad. Y todo esto influye en la diversidad de formas de pensar de los colaboradores que, según se gestione por parte de los líderes, puede ser una de las principales fortalezas o debilidades para las organizaciones.
Encontramos verdaderos problemas en la gestión de equipos porque muchas veces los mayores se ven desmotivados o desfasados, los más jóvenes no aceptan fácilmente jerarquías, valoran su tiempo libre y no tanto el sacrificio en el trabajo y dependen en exceso de la tecnología y RRSS. Y los que se encuentran en el medio, sienten que su oportunidad de crecimiento profesional y recompensa en el trabajo no llega nunca.
Si no se gestiona esta situación si no se gestiona de la manera adecuada puede generar confrontaciones o un rendimiento en el equipo de trabajo inferior a lo deseado. Además de una posible frustración del líder del equipo que consecuentemente también influirá en su rendimiento. Parte de la riqueza de trabajar con personas de diferentes edades es poder ver diferentes perspectivas.
Aunque siempre ha habido diferencias entre los jóvenes y seniors en las organizaciones, hay que dedicarle especial foco hoy en día porque la nueva generación, la Generación Z, que está aterrizando en el mercado laboral y representa un cambio social y cultural como no se había visto anteriormente. Nunca se había dado un cambio tecnológico tan rápido simultaneado con una educación en el hogar tan respetuosa como sobreprotectora. Esto ha creado un grupo generacional con una personalidad propia muy marcada y de difícil encaje en el mundo laboral si no se maneja bien.
Los jóvenes pertenecientes a la Generación Z son mucho más flexibles que las generaciones más mayores, más inclinados a trabajar en casa, más apegados a su autonomía. Para cumplir con las expectativas de la Generación Y o Millennials, nacida después de 1981, es más importante inspirar que dar órdenes y además necesitan reconocimiento. La Generación X, nacida a partir de 1965, siente que ha trabajado duro para llegar a su posición. En cuanto a los Baby Boomers, están al final de sus carreras y también aprecian su autonomía, así que hay aprender a gestionarles de manera diferente.
Por ejemplo, los jóvenes de la Generación Y o Millennials están mejor en una organización piramidal porque tienen una relación directa con su jefe. De este modo, su necesidad de reconocimiento se satisface más fácilmente. Cuando la línea jerárquica es clara, los signos de gratificación vienen necesariamente del superior. Los Generación X, por otra parte, se sentirán más cómodos en una organización donde las responsabilidades están fragmentadas o son más horizontales.
Pero ¿cómo gestionar a los equipos intergeneracionales de hoy en día? ¿Cómo hacer que trabajen juntos y a la vez estén motivados? ¿Cómo convertirles en un equipo de alto rendimiento capaz de conseguir eficientemente los objetivos de la empresa? Las empresas siguen modelos de organización muy diferentes. Y dependiendo de la edad los colaboradores se sienten mejor en una u otra estructura.
El Coaching GeneracionalTM es un método que a través del Coaching Personal y Ejecutivo puede ayudar a desarrollar el potencial de los líderes, identificando las motivaciones, necesidades, prioridades, estilos de vida y valores de cada miembro del equipo. Además, se trata de potenciar la capacidad organizacional, creando una cultura fortalecida por estas diferencias. Se consigue una comunicación efectiva y de liderazgo entre generaciones.
Este método trata el liderazgo desde una perspectiva de gestión de comportamientos según la generación a la que pertenece cada miembro de su equipo. Por ejemplo, un líder se ve obligado a trasladar a uno de sus empleados de una asignación no terminada a un nuevo proyecto, la reacción del empleado en cuestión variará. Es más probable que un Baby Boomer diga que debe terminar la tarea actual, mientras que un joven, por el contrario, es probable que esté contento de poner sus habilidades y talento a disposición de otros. Al ser consciente de las necesidades específicas de sus empleados, el líder puede gestionar sus recursos humanos de la mejor manera posible, respondiendo concretamente a sus ambiciones. La capacidad del líder de fomentar la colaboración dentro del equipo, sobre todo si el equipo es heterogéneo, será la verdadera fuerza motriz de su éxito.

